PRECARIZACIÓN LABORAL Y COMPROMISO FORMATIVO: TENSIONES EN LOS CENTROS DE PRÁCTICA DEL TRABAJO SOCIAL FAMILIAR
LABOR PRECARIOUSNESS AND EDUCATIONAL COMMITMENT: TENSIONS IN FAMILY SOCIAL WORK FIELD PLACEMENT CENTERS
Erica Maricel Montenegro[1], emontenegro@justiciajujuy.gov.ar
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0610-9296
Universidad Nacional de Jujuy, Facultad de Humanidades y Ciencias Social, Jujuy, Argentina
Alejandra Gabriela Inés Acchura[2], gaby.acchurallanos.gal@gmail.com
Universidad Nacional de Jujuy, Facultad de Humanidades y Ciencias Social, Jujuy, Argentina
María Celeste Costas Frison[3], celescostas@gmail.com
Universidad Nacional de Jujuy, Facultad de Humanidades y Ciencias Social, Jujuy, Argentina
Gabriela Analía Fanucchi Avila[4], gabyfanucchiavila@hotmail.com
Universidad Nacional de Jujuy, Facultad de Humanidades y Ciencias Social, Jujuy, Argentina
Resumen
La Práctica Pre-profesional de Trabajo Social Familiar perteneciente a la Licenciatura en Trabajo Social de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy, constituye un espacio fundamental en la formación de futuros profesionales del Trabajo Social en la provincia de Jujuy. Esto permite el contacto directo con situaciones sociales complejas, el análisis crítico de las políticas públicas y el desarrollo de competencias de intervención disciplinar. Sin embargo, en el actual contexto de desfinanciamiento de la universidad pública, este proceso formativo enfrenta múltiples desafíos estructurales y pedagógicos.
El recorte presupuestario impacta directamente en las condiciones materiales de la práctica: limitaciones en la movilidad estudiantil, reducción de recursos para garantizar trayectos formativos adecuados (cierre de comedores, suspensión de becas, etc.), impactos en la salud mental de estudiantes y docentes derivados de la incertidumbre y otros factores.
La precarización laboral que atraviesan muchos trabajadores sociales miembros de los equipos técnicos en diversos Centros de Práctica y pertenecientes a distintas áreas; constituye una problemática estructural con impacto tanto en su desempeño profesional como en el acompañamiento formativo de estudiantes en prácticas preprofesionales.
Estos profesionales, atravesados en gran medida por condiciones de precarización laboral expresadas en la inestabilidad contractual, la sobrecarga de tareas, el insuficiente reconocimiento institucional y salarios que no se corresponden con la complejidad de las responsabilidades asumidas, cumplen un rol central en la formación de futuros trabajadores sociales. No obstante, continúan sosteniendo, con compromiso ético y vocación formativa, los procesos de acompañamiento y supervisión de estudiantes, contribuyendo desde su experiencia profesional, su conocimiento situado y sus estrategias de intervención.
Resulta especialmente preocupante que esta labor pedagógica, que con frecuencia implica tiempo adicional de planificación, supervisión, elaboración de informes y coordinación institucional, no reciba ningún tipo de retribución económica ni reconocimiento formal por parte de las instituciones formadoras o de los organismos del Estado. Lejos de constituir una situación aislada, esta situación contribuye a la invisibilización y desvalorización del papel formativo que desempeñan estos profesionales, que reproduce formas históricas de precarización vinculadas a la naturalización de la gratuidad del trabajo de cuidado, acompañamiento y sostén, características del campo de intervención social.
En este contexto, es necesario repensar los vínculos entre la universidad, el Estado y el territorio desde una perspectiva basada en la equidad y la corresponsabilidad, que reconozca y valore el trabajo de quienes, en condiciones muchas veces adversas, sostienen tanto los procesos de intervención social como la formación de futuros profesionales. Frente a esta realidad, la universidad pública constituye un espacio fundamental para la producción de saberes situados, capaces de abordar problemáticas sociales complejas desde una perspectiva integral, crítica, transformadora y éticamente comprometida. El impacto de la formación que brinda se expresa en la inserción territorial de las y los trabajadores sociales, quienes desarrollan su labor en diversos ámbitos del campo social, promoviendo la restitución y ampliación de derechos, fortaleciendo las redes comunitarias y contribuyendo a la construcción de políticas públicas más inclusivas y democráticas.
En este sentido, defender una universidad pública, laica, gratuita y de calidad implica también defender una formación profesional crítica y comprometida, así como el ejercicio del Trabajo Social orientado a la transformación de las condiciones de desigualdad y vulneración de derechos que afectan a amplios sectores de la sociedad.
Palabras Clave
Desfinanciamiento universitario, formación en Trabajo Social, prácticas de trabajo social familiar, precarización laboral, supervisión.
Abstract
The Pre-professional Practice of Family Social Work belonging to the Social Work Bachelor's Degree at the Humanities and Social Sciences Faculty of the National University of Jujuy, constitutes a fundamental space in the training of future professional social workers in the province of Jujuy. This allows direct contact with complex social situations, critical analysis of public policies and the development of disciplinary intervention skills. However, in the current context of public universities underfunding, this training process faces multiple structural and pedagogical challenges.
The budget cut has a direct impact on the material conditions of the internship: limitations in student mobility, reduction of resources to guarantee adequate training paths (canteens closure of canteens, scholarships suspension, etc.), impacts on the mental health of students and teachers derived from uncertainty and other factors.
The job insecurity experienced by many social workers who are members of the technical teams in various Practice Centres belonging to different areas, is a structural problem with an impact both on their professional performance as well as on the training support of students in pre-professional internships.
These professionals, who are largely affected by conditions of job insecurity expressed in contractual instability, task overload, insufficient institutional recognition and salaries that do not correspond to the complexity of the responsibilities assumed, play a central role in the training of future social workers. However, they continue supporting, with ethical commitment and training vocation, the student’s accompaniment and supervision processes, contributing from their professional experience, their situated knowledge and their intervention strategies.
The fact that this pedagogical work, which often involves additional time for planning, supervision, reporting and institutional coordination, does not receive any financial remuneration or formal recognition from training institutions or State agencies is of particular concern. Far from being an isolated situation, it contributes to the lack of visibility and devaluation of the training role played by these professionals, which reproduces historical forms of precariousness linked to the naturalization of free care work, accompaniment and support which are characteristics of the field of social intervention.
In this context, it is necessary to rethink the links between the university, the State and the territory from an equity and co-responsibility approach, which recognizes and values the work of those who, in often adverse conditions, sustain both social intervention processes and future professionals training. Faced with this reality, the public university constitutes a fundamental space to foster situated knowledge, capable of addressing complex social problems from a comprehensive, critical, transformative and ethically committed perspective. The impact of the training it provides is expressed in the territorial insertion of social workers, who carry out their work in various areas of the social field, promoting rights restitution and expansion, strengthening community networks and contributing to the construction of more inclusive and democratic public policies.
In this sense, defending a public, secular, free and quality university also implies defending critical and committed professional training, as well as the exercise of Social Work aimed at transforming the conditions of inequality and violation of rights that affect broad sectors of society.
Key words
Family Social Work field placements, labour precarity, supervision, Social Work education, university underfunding.
INTRODUCCIÓN
La universidad pública representa un espacio de producción de saberes situados, capaces de dar respuestas a las problemáticas sociales complejas desde una mirada integral, transformadora y comprometida éticamente. La formación profesional en Trabajo Social implica un proceso de construcción epistemológica, teórica, metodológica y ético-política que se nutre, de manera sustancial, a través de las prácticas preprofesionales en territorio.
El impacto de la formación que ofrece la misma, se refleja en la inserción territorial de las y los trabajadoras/es sociales, quienes intervienen en múltiples ámbitos del campo social promoviendo la restitución derechos vulnerados, fortaleciendo redes comunitarias y luchando por la consolidación de políticas públicas más inclusivas. Por ello, defender la universidad pública, laica, gratuita y de calidad, es también defender el ejercicio profesional crítico y comprometido del Trabajo Social.
En este marco, la Práctica Preprofesional de Trabajo Social Familiar, desarrollada en el ámbito de la Licenciatura en Trabajo Social de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy, constituye un espacio clave para el aprendizaje situado y la apropiación crítica de herramientas de intervención. Este trayecto formativo permite a los y las estudiantes establecer contacto directo con las problemáticas sociales complejas que atraviesan a las familias en contextos locales, al tiempo que posibilita el análisis de las políticas públicas y la comprensión de las dinámicas institucionales y organizacionales en las que se insertan los y las futuras profesionales.
Sin embargo, en el actual contexto de desfinanciamiento de la universidad pública, este proceso formativo enfrenta múltiples desafíos estructurales y pedagógicos. El recorte presupuestario impacta directamente en las condiciones materiales de la práctica: limitaciones en la movilidad estudiantil, reducción de recursos para garantizar trayectos formativos adecuados (cierre de comedores, suspensión de becas, etc.), atravesamientos en la salud mental de estudiantes y docentes en función de la incertidumbre, etc.
A su vez, la precarización laboral que atraviesan muchos trabajadores sociales que integran los equipos técnicos en diversos Centros de Práctica, que pertenecen a distintas áreas, constituye una problemática estructural que impacta tanto en su desempeño profesional como en el acompañamiento formativo de estudiantes en prácticas preprofesionales.
El presente trabajo, que surge de la experiencia cotidiana como equipo de cátedra a cargo de la mencionada Práctica pre-profesional (en un proceso de seis años consecutivos) se propone reflexionar críticamente sobre estos desafíos, poniendo en valor el rol pedagógico de los equipos técnicos que participan en la formación de futuros trabajadores sociales desde el territorio. A partir de una reflexión situada y comprometida, se busca aportar elementos para el debate en torno a la necesidad de fortalecer los vínculos entre universidad, Estado y comunidad, desde una perspectiva de corresponsabilidad social y justicia educativa.
1.- De la experiencia
Como hemos introducido previamente, consideramos que la formación universitaria en Trabajo Social no puede pensarse de manera escindida de los contextos históricos, políticos y económicos en los que se inserta. En efecto, los procesos formativos se encuentran atravesados por las condiciones estructurales que habilitan, potencian o limitan el acceso a derechos, la producción de conocimiento y la construcción de ciudadanía.
En ese sentido, y en función de la particularidad de la disciplina-profesión, las prácticas pre-profesionales constituyen un pilar fundamental de la carrera, ya que permiten el contacto directo con las realidades sociales, institucionales y comunitarias, y promueven el desarrollo de habilidades para la intervención desde una perspectiva crítica, ética y situada: Los desafíos contemporáneos plantean la necesidad de promover al interior del Trabajo Social un conocimiento abierto, dispuesto a reflexionar sobre sí mismo y sobre los desafíos y posibilidades que los aspectos duros y complejos de la realidad sugieren
“se le impone el desafío de establecer categorías teóricas y metodológicas que amplíen su horizonte interdisciplinar y estimulen la concepción del ser humano como constructor de su propia realidad. Los procesos de actuación profesional, como escenarios privilegiados de aprendizaje y construcción lógica de saberes, deben aportar a la construcción social de los sujetos y a la afirmación de las identidades particulares” (Vélez Restrepo 2003,p.8-9).
La Práctica de Trabajo Social Familiar, en particular, promueve el abordaje disciplinar de las problemáticas sociales desde una mirada integral, considerando la multidimensionalidad que atraviesa la vida cotidiana de las familias en contextos de compleja vulnerabilidad.
A través del trabajo en, Oficinas de Protección de Derechos de niños, niñas y adolescentes (OPD), dependencias del Consejo Provincial de la Mujer e Igualdad de Género, residencias de larga estadía dependientes de la Dirección de Adultos Mayores, organizaciones de la sociedad civil y otras organizaciones (de gestión gubernamental y no gubernamental), las y los estudiantes se forman gradualmente en los procesos de abordaje desde la especificidad disciplinar del Trabajo Social Familiar. Sin embargo, el desarrollo de las prácticas se ve condicionado por los recursos disponibles, la existencia de dispositivos de acompañamiento pedagógico y las condiciones laborales de los y las profesionales que supervisan. En relación con lo cual, podemos destacar distintos ejes de análisis que se interconectan y tensionan entre sí:
En los últimos dos años, la universidad pública argentina ha enfrentado un progresivo proceso de desfinanciamiento que ha afectado severamente su capacidad para garantizar condiciones materiales dignas de enseñanza, investigación y extensión. Este recorte presupuestario se expresa en múltiples dimensiones: falta de actualización salarial del personal docente y no docente, deterioro de la infraestructura edilicia, reducción de becas estudiantiles, suspensión de comedores universitarios, desinversión en equipamiento y tecnología, entre otras.
En dicho contexto, las prácticas pre-profesionales se ven seriamente afectadas. Muchos y muchas estudiantes deben enfrentar estas prácticas con un alto nivel de incertidumbre económica, lo que implica un esfuerzo adicional en términos de organización, salud mental y sostenimiento del trayecto académico. En muchos casos, la imposibilidad de costear traslados o de compatibilizar horarios laborales con los de la práctica conduce a la deserción o a una experiencia formativa fragmentada e incompleta.
Esta situación se tensiona con el principio de igualdad de oportunidades en el acceso a la educación superior, ya que quienes provienen de sectores populares son quienes más dificultades enfrentan para sostener su formación. En este escenario, la universidad pública se ve interpelada a repensar políticas institucionales que garanticen condiciones de equidad y permanencia, reconociendo las particularidades que adquiere la formación en campos profesionales como el Trabajo Social, donde las prácticas en territorio son insustituibles.
Lo anterior se vuelve un desafío altamente desafiante dada la incertidumbre que enfrenta toda la comunidad universitaria y las limitaciones que enfrentan los equipos de cátedra, dada su ubicación en la cadena de toma de decisiones en la estructura institucional.
A pesar de las limitaciones y obstáculos, la creatividad; el compromiso y la construcción de saberes colectivos han permitido que muchas experiencias de práctica puedan sostenerse y resignificarse, vinculando la formación académica con los desafíos y demandas comunitarias e institucionales. Ese proceso dialéctico entre territorio y la universidad enriquece permanentemente el aprendizaje, potenciando la capacidad de intervención reforzando el posicionamiento ético – político del trabajo social.
Es por ello que, se es necesario profundizar el análisis de las condiciones en las que se desarrollan dichas prácticas, especialmente en lo que concierne el reconocimiento y la valorización de quienes asumen la tarea de acompañar y formar a las nuevas generaciones de profesionales del trabajo social en contextos de creciente precarización y vulnerabilidad laboral.
Es en este punto donde se vuelve necesario interpelar las condiciones laborales del colectivo profesional del Trabajo Social: bajas remuneraciones, contratos inestables, bajos salarios, sobrecarga de funciones, y escaso reconocimiento institucional. Estas condiciones no son meras contingencias sino efectos directos de una matriz estatal que, influida por la lógica neoliberal, tiende a precarizar los sectores que trabajan con la vida y los cuidados, mientras se desmantelan las políticas públicas, muchas de ellas que habrían sido creadas con el fin de vivir en una sociedad más igualitaria.
De esta manera, observamos cómo a pesar de estas condiciones laborales, los equipos de trabajo dependientes del estado provincial o municipal, frente a las elevadas exigencias que enfrentan a diario en sus jornadas laborales, asumen la tarea de supervisar, orientar y acompañar junto a las docentes de la Práctica a los y las estudiantes universitarios en su proceso de formación. Lo cual, a su vez, se deriva de decisiones que, en muchos casos, no son tomadas por ellos, sino por las autoridades de turno que suscriben los convenios de cooperación con la Facultad y la Universidad.
Este acompañamiento, implica no sólo transmitir saberes técnicos, sino también habilitar la reflexión ética, la lectura crítica de la realidad, el análisis institucional y el desarrollo de criterios de intervención.
En este sentido, traemos a la mesa la discusión acerca de la intencionalidad pedagógica en la formación de futuros profesionales del Trabajo Social, haciendo referencia a una relación clara e intencionada del saber específico de una disciplina y las herramientas, métodos y didácticas que servirán de insumo para su transmisión. De esta manera, y siguiendo a Litwin (1997) se hace imprescindible tener presente cuál es la intención en el campo de la pedagogía que nos brinda un escenario de acción claro y potente para llevar adelante con un fuerte anclaje en la problemática social de nuestro tiempo, la formación profesional de nuestros estudiantes.
Sin embargo, observamos que este trabajo formativo no es reconocido formalmente ni retribuido económicamente por parte de la universidad ni de los organismos estatales, lo que reproduce una lógica de gratuidad y desvalorización e invisibilización del trabajo pedagógico que se realiza gracias al aporte comprometido de profesionales en el campo de lo social.
Como señalan autores como Grassi (2010), esta desjerarquización del trabajo de cuidado y acompañamiento se inscribe en una matriz histórica que feminiza e invisibiliza las tareas educativas y de reproducción social. En el caso del Trabajo Social, profesión históricamente feminizada, estas lógicas se profundizan, generando condiciones de malestar, sobrecarga y desgaste emocional en quienes sostienen los vínculos pedagógicos en territorio.
Donde, debe destacarse que, en la mayoría de los casos, dichos profesionales enfrentan el desafío con absoluto compromiso, dedicación y responsabilidad ética, más allá de la sobrecarga que representa en su desempeño laboral cotidiano.
Es necesario destacar que la precarización laboral impacta de forma directa en el bienestar individual de cada persona que ejerce la profesión del trabajo social, es por ello que es necesario visibilizar y reconocer las condiciones materiales, el desgaste y las tensiones que atraviesan los profesionales y resignificar las estrategias colectivas que permitan fortalecer la formación en este contexto; considerando que la calidad de las intervenciones y la capacidad de sostener prácticas éticamente comprometidas y socialmente transformadoras se ven condicionadas por la precarización laboral y la sobrecarga de tareas.
En Argentina, las políticas educativas que fueran formuladas y ejecutadas por distintos actores de anteriores gobiernos nacionales y que fueron traducidas en diferentes acciones (programas y proyectos) en las instituciones de educación superior se orientaban a dar respuestas a tres grandes cuestiones:
En la actualidad estas acciones se encuentran en discusión por un gobierno de corte neoliberal, que busca el desmantelamiento de estas políticas educativas, es por ello que como equipo de cátedra venimos trabajando por sostener nuestro espacio que forma a futuros/as Licenciados/as en Trabajo Social convencidas de que la Universidad pública cumple un rol clave en la transformación social.
Su presencia en el territorio no debe reducirse a la transferencia de saberes, sino que debe promover la construcción de vínculos dialógicos, horizontales y corresponsables con los actores sociales, en pos de la defensa de los derechos humanos y la consolidación de una sociedad más justa y equitativa. En este sentido, la formación en Trabajo Social no debe perder de vista nunca su dimensión ética-política, reafirmando su compromiso con las luchas sociales y con la defensa de las condiciones que hacen posible el ejercicio profesional comprometido.
Las prácticas pre-profesionales, lejos de ser espacios técnicos o instrumentales, constituyen instancias de disputa de sentidos, donde se juegan proyectos profesionales, epistemológicos y políticos, en contextos sumamente adversos, como ya hemos mencionado reiteradamente. Ello permite re-pensar al Trabajo Social en función de:
“… los derechos humanos, las necesidades humanas y los valores humanos, pero inserto en las luchas de la sociedad civil, a favor de la realización de esos derechos y de la satisfacción de estas necesidades, puede…contribuir formidablemente a la construcción de una nueva sociedad. Ciudadanos con responsabilidades esenciales frente a sus conciudadanos” (Fóscolo 2007, p. 267).
La universidad como institución formadora y productora de conocimiento, reconoce los saberes populares, las experiencias de organización comunitaria y las diferentes formas en las que los sujetos reproducen la vida cotidiana, tensionadas por diferentes problemáticas estructurales como la precarización laboral, donde en la cotidianeidad, no se trata de intervenir sobre el territorio, sino de construir con él, en un permanente diálogo de saberes y co-producción de conocimientos (Fóscolo 2007; Landinelli 2014).
Es por ello que, desde la cátedra de Práctica de Trabajo Social Familiar, consideramos que la formación profesional requiere pensar y repensar dispositivos que promuevan una mirada crítica, situada y reflexiva que permita interpelar las prácticas profesionales y las condiciones institucionales en las que las mismas se desarrollan.
Esta formación no se encuentra separada de las tensiones propias de la universidad pública en la actualidad que, aunque forma parte del estado, también puede cuestionar las realidades de los profesionales en el territorio. Desde este punto de vista, las prácticas preprofesionales se constituyen en oportunidades para la producción de subjetividades éticamente comprometidas; para problematizar el lugar del profesional en las diferentes problemáticas sociales, reconociendo los límites y desafíos que implican la intervención profesional en un contexto de fragmentación y precarización de la vida cotidiana.
CONCLUSIONES
La formación en Trabajo Social Familiar, y en especial la práctica de Trabajo Social Familiar, en contextos de desfinanciamiento y precarización laboral pone en evidencia las tensiones estructurales que atraviesan a la universidad pública y a las políticas sociales en Argentina.
Resulta interesante observar las contradicciones que se generan en la realidad, debido a que, quienes sostienen el abordaje cotidiano de las desigualdades y las urgencias sociales, lo hacen muchas veces desde situaciones laborales profundamente desiguales. Así, las prácticas preprofesionales, lejos de desarrollarse en condiciones ideales, se sostienen gracias al compromiso ético y político de estudiantes, profesionales y docentes que, a pesar de las dificultades, apuestan a la construcción de una formación situada, crítica y transformadora.
Sostener dicha formación en condiciones de desfinanciamiento y precarización implica un esfuerzo colectivo que no puede recaer exclusivamente en estudiantes y profesionales aislados. Es responsabilidad de las universidades, los estados y las organizaciones sociales construir redes de apoyo, dispositivos de supervisión institucional y políticas públicas que reconozcan el valor estratégico de la educación universitaria en general y del Trabajo Social en particular.
Frente a este escenario, es indispensable reafirmar el derecho a una educación pública, gratuita, laica y de calidad, así como también la necesidad de reconocer el rol pedagógico de los equipos técnicos en territorio. La defensa de la universidad pública es, en este sentido, inseparable de la defensa del Trabajo Social como profesión comprometida con la justicia social y con la construcción de un proyecto colectivo de país más equitativo y comprometido con los derechos humanos de todos y todas.
Se vuelve indispensable desarrollar estrategias de acompañamiento y supervisión que fortalezcan la formación en sentido crítico de los y las estudiantes que transitan las prácticas, implementar permanentemente la articulación entre la universidad y las instituciones territoriales, para sostener prácticas pedagógicas que brinden herramientas instrumentales y que contribuyan a la construcción colectiva de saberes y al fortalecimiento de la identidad profesional y el posicionamiento ético político.
Se considera preciso repensar las propuestas curriculares y los centros de práctica institucionales tensionados con las problemáticas sociales actuales, asegurando espacios de debate y reflexión permanente sobre los modos de intervención y los desafíos éticos que atraviesan el ejercicio del trabajo social familiar; lo cual nos permite pensar no solo en la formación únicamente como una transmisión de conocimientos sino como un diálogo permanente entre la teoría y la práctica, lo cual habilita el desarrollo de futuros profesionales capaces de pensar prácticas comprometidas e innovadoras frente a la realidad compleja y cambiante.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Fóscolo, N. (2007). Desafíos éticos del trabajo social latinoamericano: paradigmas, necesidades, valores, derechos. Espacio Editorial.
Grassi, E. (2010). Configuraciones del trabajo y el empleo en el Estado: un análisis desde el trabajo social. Espacio Editorial.
Landinelli, J. (2014). Diversificación institucional y democratización de la universidad latinoamericana. En E. Miranda (Coord.), Democratización de la educación superior. Una mirada desde el MERCOSUR. A 400 años de la universidad en la región. Narvaja Editor. Tomado de: http://nemercosur.siu.edu.ar/webnucleo/documentos/Democratizacion_de_la_Educacion_Superior.pdf
Litwin, E. (1997). El oficio de enseñar: condiciones y contextos. Paidós.
Vélez Restrepo, O. L. (2003). Reconfigurando el trabajo social: perspectivas y tendencias contemporáneas. Espacio Editorial.
Licenciada en Trabajo Social por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) y maestranda en Género y Políticas Públicas. Se desempeña como docente e investigadora en la carrera de Licenciatura en Trabajo Social de la FHyCS-UNJu. Coordinadora de las actividades de la Oficina de la Mujer del Poder Judicial de Jujuy e integra el Consejo Asesor de la Ley Iara en materia de violencia de género. ↑
Licenciada en Trabajo Social por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) doctoranda del Doctorado en Ciencias Sociales de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy. Se desempeña como docente e investigadora en la carrera de Licenciatura en Trabajo Social de la FHYCS-UNJU. Secretaria de Salud Mental, adicciones y discapacidad. Referente regional de trabajo Social de Región sanitaria Valles. ↑
Licenciada en Trabajo Social por la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata. Se desempeña como docente en la carrera de Licenciatura en Trabajo Social de la FHYCS-UNJU. Trabaja en el Hospital Pablo Soria dependiente del Ministerio de Salud de la Provincia de Jujuy. ↑
Licenciada en Trabajo Social por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) doctoranda del Doctorado en Ciencias Sociales de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy. Docente adjunta de la cátedra de Trabajo Social Familiar I y de la cátedra Práctica de Trabajo Social con Familias e investigadora en la carrera de Licenciatura en Trabajo Social de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy. Coordinadora del Programa de Derechos Humanos de la Secretaría de Asuntos académicos de la Universidad Nacional de Jujuy. ↑